¿EL DINERO, HACE LA FELICIDAD?

7635472-nina-rubia-ocultar-su-rostro-detras-de-un-ventilador-de-dinero-de-euroMónica y Patricia, amigas desde la infancia, después de varias promesas nunca cumplidas, deciden juntarse en un pub pocitense a tomar unos tragos y a charlar de sus vidas, un jueves a las nueve de la noche…

Mónica: rubia, perfectamente lacia, alta, esbelta, impecablemente vestida y con joyas de alto valor, llega al pub a la hora exacta en su inmaculado auto alemán.

Patricia: castaña y algo ondulada, con algún kilito de más, vestida con ropa común y con un reloj de plástico verde en su muñeca izquierda, llega un poco agitada, luego de disculparse de arribar unos minutos tarde a la cita, porque no encontraba un taxi para poder llegar en hora.

Al verse, se saludan, sonríen, se miran, se observan y ambas se dan cuenta del inexorable paso del tiempo… Mónica denota las arrugas del ya no tan terso cutis de Patricia y Patricia advierte los excesos de bótox y también de alguna que otra cirugía de Mónica, que por supuesto siempre negará haberse realizado.

Luego de pedir sus tragos… comienzan a aflorar una interminable catarata de recuerdos, que se contarán por enésima vez, de épocas pasadas y especialmente de aquellos tiernos momentos de la adolescencia en el colegio y de cuando eran compañeras y casi inocentes… de cuando lloraban juntas por sus penas de amor y de cuando se alegraban por sus primeros logros personales.

Patricia le pregunta a Mónica por su marido, y ella responde que está en Oriente de viaje de negocios, y que a su regreso viajarán a París, donde otra vez hará sus eternas e innecesarias compras traperiles de estación.

Orgullosa le comenta a su amiga, que aún mantiene la misma cintura de cuando tenía veinte años… aunque de esto ya hayan pasado más de treinta setiembres, y que gracias a que no tuvo hijos pudo mantener su armoniosa y envidiada figura. Con este comentario, apenas afloró una desdibujada sonrisa de pálida felicidad en su muy maquillado rostro.

Complementando a su amiga, Mónica hace la misma pregunta a Patricia, que muy sonriente responde que está muy feliz porque sus hijos, como en todos sus cumpleaños le habían hecho un regalo muy especial… y le muestra sonriente el reloj de plástico verde que lucía con orgullo.  Le comenta también que su marido la había esperado con su especialidad culinaria: sus siempre exquisitos ñoquis con tuco casero: su comida preferida de siempre, y que aunque contribuyeran a aumentar cada vez más sus ya casi rollizas caderas, compartiría siempre feliz junto a su familia, todos juntos, sentados a la mesa de su ya gastado comedor con sillas de pino…

Luego de ponerse al día de todos los chismes habidos y por haber, y de reírse de un sinfín de anécdotas pasadas, se despidieron con un abrazo.

Una lentamente hacia su auto caro, y la otra apurada rumbo a la parada de taxis…

Por: Daniel Fleitas 

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