EL ESTRENO TEATRAL

4f0dac08691de_800x520Por: Daniel Fleitas

Mi querida y entrañable amiga Anabel, me llamó una semana antes para invitarme al estreno de una muy conocida pieza teatral, con la actuación de una ya famosa conductora de televisión, que está haciendo sus armas actorales y en muy buena ley, destacándose ampliamente por su personalidad aguerrida y sus excelentes dotes para las tablas.

Llegué diez minutos antes de lo acordado y me dispuse a esperar que arribara mi estimada compañera de tantos eventos ya vividos, quedándome en la parte exterior de la entrada del teatro. Allí mismo comencé a constatar el acceso de la heterogénea y muchas veces repetida fauna teatral de los estrenos, que iba tranquilamente ingresando a la sala.

Al arribo de mi esperada y divertida compañía, decidimos subir al primer piso donde muy atentamente los chicos de la boletería nos dieron las entradas en fila 8, lo cual nos dio un poco de gracia reiterada, porque por azar, destino o vaya uno a saber por qué, nos volvió  a tocar la misma fila, en el mismo teatro y en un estreno por tercera vez consecutiva… y bueno, no sé, en una de esas habría que hacerle una redoblona quinielera al respecto, como siempre bromeaba mi divertida y azarosa abuela…

Entradas en mano, volvimos a salir a la vereda. En la acera muchos fumadores exhalaban grandes bocanadas de humo de sus muy succionados cigarrillos, mientras nosotros nos acordábamos y nos reíamos de anécdotas pasadas y también actuales, hasta que en un momento decidimos colocarnos en la fila para el acceso a la muy cómoda y coqueta sala.

Disfrutamos una obra muy interesante, donde la diva televisiva se destacó ampliamente en un papel que le iba como anillo al dedo. Luego de varios aplausos, repetidos bises de saludos finales y una merecida entrega  de flores, decidimos salir al foyer donde ya se habían instalado varios espectadores para paladear el siempre esperado y bien recibido “vinito del estreno”, comenzándose a juntar de gran y amena charla, toda la cambalachesca galería humana “teatrera” en un interesante y  heterogéneo aquelarre, el cual merece ser destacado por un entretenido, y colorido entrevero de muy diferentes perfiles culturales.

Luego de haber paladeado algunas piezas del exquisito catering, decidimos cómodamente bebernos dos bien colmadas copas de estimulante Cabernet Sauvignon, que un simpático mozo nos sirvió muy atentamente.

La gente seguía saliendo gustosa y feliz de la sala al brindis y cada vez más se armaba más ese ya clásico cotilleo social proveniente de esa gran vorágine humana, donde como siempre figuraban los que son, los que quieren ser, y los que nunca serán…

En esta galería de personajes con una gran mixtura de roles y sobretodo en una super ecléctica ensalada de muy distintas ondas traperiles, donde podemos comenzar destacando los ya clásicos sacos de astracán con conocido aroma a naftalina, algunos sombreros de fieltro comprados en la época del London París, vestidos ya frisados de  alguna pretérita vidriera de Angenscheidt y los siempre recordados tapados de paño de Acle. Toda esa vorágine textil de otrora estaba mezclada también, con mozalbetes que lucían orgullosamente sus piercings y tatuajes varios, en un casi forzado y cuidado estilo “no me importa nada”, y junto a ellos varias enjoyadas señoras paquetas, que con sus muy bien peinadas melenas oxigenadas y sus costosos atuendos obviamente comprados en el exterior, daban la nota de buen gusto y de fineza casi obligada.

También al mirar los pies, se podía vislumbrar fácilmente el mismo maremoto de estilos, que iban desde el estilizado e importado zapato de croco acharolado, hasta la botineta artesanal de feria, pasando los muy deportivos championes de marca y algún que otro taco aguja.

Luego de saludar a la siempre simpática diva y felicitarla por su excelente trabajo, decidimos marcharnos, habiendo pasado una grata velada teatral donde obviamente el entrevero visual del brindis final, nos dio para seguir comentando y divirtiéndonos en nuestro ya conocido y reiterado trayecto del Centro a Pocitos.

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