Juntos, pero no revueltos

divorcio2Susana se dejaba embriagar por los cálidos rayos del sol que entraban por su ventana, mientras se sentía feliz en su recién redecorado dormitorio, que su diseñador astutamente supo interpretar, luego de observar sus nuevos aires de libertad.

“Por fin duermo sola y sin marido, pero contenta”, se decía a sí misma, mientras felizmente acariciaba su cálido y confortable nuevo cover floreado, de patchwork estilo country en tonos pastel y miraba y admiraba con una diáfana sonrisa, sus cuadros con diseños botánicos que con sendos y coquetos marcos plateados a la hoja, había comprado recientemente en una conocida casa de remates de la Ciudad Vieja.

Leonardo, se casó en primeras nupcias con Susana, logrando vivir a su lado más de veinte años de un matrimonio políticamente correcto, pero únicamente pintado con aburridas y monótonas pinceladas en tonos de gris y marrón…

Tuvieron dos hijos, los cuales crecieron, se formaron y emigraron de la casa paterna, el mayor felizmente casado y la menor: totalmente enamorada de su carrera artística.

Un día Susana, se miró al espejo y ya muy decidida, resolvió terminar con esa vida de tedio y aburrimiento, mientras se repetía una y otra vez: “¿Querés esta vida para vos?”; “Tus hijos ya se fueron ¿y vos qué?”; “Acaso… ¿no tenés derecho a ser feliz?”

Ella absolutamente convencida, y él casi en total desacuerdo, decidieron separarse…

Junto a su mejor amiga de la infancia, se propuso realizar el tan ansiado viaje a Europa que postergó años y más años, por el eternamente apático rechazo de su ya no tan querido “peor es nada”. Visitó varios países del Viejo Continente y conoció por fin aquel ya casi mitológico pueblito de Galicia, que con tanto cariño había vivido en su ya pasada infancia, a través de los cuentos de su memorioso y entrañable abuelo paterno, de quien adoraba escuchar sus interminables historias aldeanas, mientras merendaban juntos el ya clásico café con leche con bizcochos, después realizar los deberes del colegio.

Volvió muy renovada y con “otra cabeza” de su periplo europeo, conociendo en otras tierras otros modos de vida y otros vértigos adrenalínicos de los cuales ya ni se acordaba que existían, como discotecas y pubs, donde conoció mucha gente y volvió a acordarse lo que es vivir la vida, divirtiéndose en forma sana.

A los pocos días de haber retornado a Montevideo, muy astutamente su amiga le comenta de crear un perfil en una página de contactos para conocer gente nueva y generar nuevos vínculos de amistad, o quizás de algo más… Al principio le pareció que en realidad esa forma cibernética de conocimiento social no era para ella, pero… como “la curiosidad mató al gato”, terminó haciéndose un perfil, pero en el cual se quitó algunas primaveras que le pesaban de más…

De esta forma, mail va y mail viene conoce a Martín, un simpático señor, algunos cuantos años menor que ella, con algún kilito de más, muy simpático, divertido y cariñoso, con el cual comenzaron a vivir muy agradables encuentros, al comienzo de salón y luego también de alcoba, con el correr del tiempo…

Con este giro de ciento ochenta grados en su vida, Susana se siente feliz, plena, querida y deseada como mujer, pero se había prometido mucho antes de que esto sucediera, que su ansiada y esperada libertad no la iba a perder por nada ni por nadie, así que cuando Martín le propuso ir a vivir juntos… no aceptó.

Martes, nueve de la mañana, luego de ingerir rápidamente las últimas tostadas de su desayuno y como siempre a contra reloj, Susana se mira al espejo y se aplica coquetamente su labial preferido, partiendo feliz hacia su trabajo, mientras se escucha de fondo en la radio, las últimas estrofas del tema “I will survive” de Gloria Gaynor.

By: Daniel Fleitas

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