LA CHICA DE LA CAPELINA FUCSIA

DSC_0390A---Copia_thumb1Debbie, como todas las adolescentes de su edad, siempre soñó con ser la chica más linda y popular de su clase, pero era un poco bajita, excedida de peso y con un carácter un poco altanero. En realidad era una chica tímida e insegura, que estaba siempre en eterna competencia con sus compañeras más lindas del grado, las cuales tenían cuerpos privilegiados, llenos de curvas “peligrosas” y siempre vestidas con infartantes minifaldas.

Un día, se levantó de su rosada cama, corrió su acolchado de patchwork floral, se calzó sus pantuflas violetas, acomodó su revuelta y abundante cabellera y se observó detenidamente al espejo…  y ahí fue cuando se dijo: “Yo quiero ser la mejor, la más linda y la más deseada… y lo voy a lograr como sea!”

Pero para intentar ser esa fémina ideal, comenzó pasando por un sin fin de estrictísimas dietas… la de la manzana, la de la sopa, la de la luna, haciendo al pie de la letra todos los regímenes para adelgazar de las revistas de moda.

Luego llegó el momento de las clínicas de adelgazamiento, porque sus dietas no daban el resultado esperado, pasando por tratamientos de acupuntura, homeopatía, batidos adelgazantes, las clásicas anfetaminas, la peligrosa sibutramina, inyectables varios, y hasta auriculoterapia e hipnosis…

En su largo y penoso “recorrido adelgazante” pululó también por varias clínicas estéticas, donde le prometieron que quedaría más flaca que un fideo y lo único que lograron fue que su preocupada madre quedara con los bolsillos vacíos, en el intento de conformar a su eternamente descontenta hija, pasando por vendas con parafina, termogénesis fría y caliente, masajes reductores, diuréticos, laxantes y tisanas de miles de hierbas hipotéticamente “maravillosas”.

Después de tanto insistir, lamentablemente logró caer bajo los nocivos efectos de la bulimia y la anorexia. Vomitó, lloró, se encerró, comió hasta explotar, volvió a vomitar, se deprimió, pasando varias semanas sólo a líquidos…

En uno de sus peores días de bajón, la visita una de sus compañeras del colegio después de sus clases de hebreo… y entre lágrimas, rimmel corrido y mucho diálogo, le aconseja que por qué no realiza un real giro en su vida: un cambio de hábitos de alimentación y de conducta frente al sedentarismo, que fueran sustancialmente positivos. Le explicó que con el tiempo y sin ansiedades desmedidas, así como lo había hecho ella, también podría llegar a lograr su tan buscado objetivo, pero si realmente se “ponía las pilas”. Al principio la miró extrañada, pero poco a poco se fue interesando en el tema…

A la mañana siguiente su amiga la llevó al gimnasio donde concurría a diario, donde comenzó hablando con el nutricionista, que muy canchero la “sacó en el aire” y  con mucha paciencia y con una convincente y amistosa sonrisa le dijo que si realmente cumplía todo al pie de la letra, en un tiempo prudencial, podía llegar a su anhelado objetivo. Luego, tuvo una entrevista con el simpático y muy tatuado personal trainer del gym, que con mucha paciencia comenzó a indicarle varias rutinas de ejercicios físicos, una para cada día de la semana.

Pasó el tiempo… y Debbie comenzó a ver los cambios, logrando de esta forma un aumento de su tan alicaída autoestima, mientras su “amigo” el espejo le informaba día a día y poco a poco, de la pérdida de esos tan odiados kilos de más, mientras se iban torneando sus piernas, su cintura y sus brazos.

Pasaron y pasaron los años… y un día llega a su casa un sobre con una invitación, comunicándole que se realizaría la primera reunión de ex alumnos de su grado en su colegio. Muy decidida se dijo: Por qué no?

El día señalado, en el recinto pocitense comenzaron a llegar alegremente sus ex compañeros de grado. Mientras todos se saludaban y preguntaban por sus vidas y sus logros, no muchos se acordaron ni preguntaron por aquella tímida e insegura gordita… hasta que entra al salón una diosa de ceñido y sexy vestido negro, con altos tacones y cartera de animal print… Se produce un corto silencio, para escuchar a uno de sus compañeros que exclama… Ché, quien es la CHICA DE LA CAPELINA FUCSIA? Qué lomazo!

Debbie, brillando bajo el ala de su sofisticado sombrero púrpura, esbozó una tranquila sonrisa, y se dijo confiada…

POR FIN… LO LOGRÉ!!!

Por: Daniel Fleitas

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