NUNCA ES TARDE PARA AMAR… by Daniel Fleitas

1359015984_love-calculatorSilvia, siempre había sido lo que el populacho llama: una chica “bien”.

Nacida ya hace un poco más de cincuenta floridas primaveras, residió casi toda su cómoda existencia en el aristocrático barrio de Carrasco, donde concurrió a uno de los mejores colegios bilingües y a pesar de no tener un apellido ilustre para la rancia y excluyente sociedad carrasquense, la excelente posición económica generada por sus antepasados inmigrantes y comerciantes, le daba una cierta pátina de poder y lujo, por la cual era casi aceptada por la tradicional estirpe de los apellidos de la zona.

Alta, rubia y con un cuerpo escultural, pero a la vez malcriada, vanidosa y hasta un poco racista, contrajo muy joven sus primeras nupcias… En un casi arreglo social entre ambas familias, se llevó a cabo una muy ostentosa fiesta de bodas. Lamentablemente la unión duró “lo que un lirio”, porque aquel apuesto mozalbete rubio y de muy conocido abolengo, al poquito tiempo “mostró la hilacha” resultando ser un vividor, mujeriego y  jugador empedernido.

Divorcio y escándalo social de por medio, volvió a continuar su vida sola, mudándose al centro del aburguesado barrio de Pocitos, y decidiendo continuar su previamente truncada carrera universitaria, la cual a la postre tampoco ejercería, decidiendo finalmente  dedicarse a los negocios inmobiliarios con un muy buen éxito económico

Pero, como el hombre patea la misma piedra dos veces… ¡la mujer también! Así que luego de un fugaz y casi oculto nuevo noviazgo, decidió dar el sí nuevamente, casándose con un profesional de la salud, con el cual al poco tiempo, tuvo una hermosa niña, a la cual llamaron Fernanda.

Su suerte ya estaba echada, y esta historia tristemente tampoco resultó… A pesar de que duró un poco más que la primera dura experiencia pasada, poco a poco comenzaron los problemas de violencia de género y para evitar escándalos, denuncias y ojos morados, decidió separarse, continuando nuevamente su vida sola y siendo padre y madre de su adorada hija…

Con el tiempo decidió hacer un cambio radical en su vida. Así comenzó a concurrir a vernisages, cócteles y demás eventos sociales, donde conoció muchos señores, amigos, amantes y hasta algún touch and go en algún boliche de moda del momento.

Se sintió muy sola, pasó por depresiones varias, angustias, ausencias y comenzó a concurrir primero a terapia y luego al siquiatra terminando “empastillada” para dormir, para despertarse, para comer, y hasta para no comer también…

Cuando menos se lo esperaba y en el lugar más insólito, conoce a Damián, un atento y muy simpático señor nacido en el interior, muy inteligente y varios años menor, recientemente  separado de otra relación también fallida. Su perfil era exactamente antagónico al que siempre había indicado su mente, su gusto, y su coqueto perfil.

Hábilmente logró entrar en su muy golpeado y ya casi olvidado corazón, empleando todo su cariño, su respeto y su amor. De esa forma supo encontrar la punta de la madeja, y con toda su cortesía y amabilidad, la lleno de mimos y flores, culminando su amor en un inesperadísimo crucero por el Caribe.

Nunca es tarde para amar.

Dure lo que tenga que durar…

Siempre valdrá la pena volver a intentarlo.

dejanos tu comentario